
Detesto el feminismo y aborrezco de los textos ideológicos. Por eso no sé bien qué fue lo que me llevó a comprar “Monólogos de la vagina” de Eve Ensler. Debí de comprarlo por error. Supongo que me esperaba que un libro con ese título tenía que contener historias eróticas con humor. Tal vez ahí resida una de las diferencias básicas entre hombres y mujeres. Si un hombre escribiera unas “Diatribas del pene”, seguramente escribiría un texto bastante obsceno y divertido con humor de sal gorda. En cambio los “Monólogos de la vagina” son un texto tierno, sensible, a ratos sensual y con unas cuantas pinceladas de ironía. Tal vez comparando esas hipotéticas “Diatribas del pene” con “Monólogos de la vagina”, comprendamos algo de la diferencia entre hombres y mujeres en lo que al sexo se refiere. Para los primeros se trata de una actividad casi gimnástica, cuyo relato luego hay que compartir con los amigos. Para las segundas se trata de algo íntimo y...![]()

Rafael Cansinos Asséns ha sido un escritor maltratado por la Historia de la Literatura. Elemento clave en la bohemia madrileña de comienzos del siglo XX, frecuentó a escritores de la talla de Juan Ramón Jiménez , los Machado y Ramón Gómez de la Serna , fue punta de lanza del modernismo y del ultraísmo , Borges le consideró su maestro, hizo traducciones del original (dominaba once idiomas) de Dostoyevski y de Las Mil y Una noches . Sin embargo, si acudimos a la Historia de la Literatura Española de José García López, no veremos una sola alusión a Cansinos Asséns en sus 776 páginas.
De la obra literaria de Cansinos Asséns , únicamente continúa leyéndose en la actualidad La novela de un literato y tal vez sea gracias a ella que se haya producido una cierta recuperación de su memoria. La novela de un literato son las memorias de su etapa bohemia entre finales del siglo XIX y 1936 . El libro se estructura como una colección de estampas por las que desfilan los personajes de aquel Madrid
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Una crítica de "Ficciones políticas" por Joan Didion
Casi al principio de Ficciones políticas, su más reciente colección de ensayos, Joan Didion habla de cuando era adolescente e iba a pasar el tiempo a las gasolineras. Allí, explica ella, conoció a amigos que no se habían destacado en el aula ni aspiraban a un cargo electivo. En su lugar, "fueron conscriptos en el servicio militar y pasaron el entrenamiento básico en Fuerte Ord. Se habían acostado con sus novias y se habían casado con ellas, habían comenzado lo que llamaban el resto de su vida con un viaje en auto a Carson City y una ceremonia de cinco dólares celebrada por un juez de paz que no se había quitado el pijama".
En otras palabras, esos con los que Didion se sitúa, eran gente común que siguieron vidas comunes. Y fueron la clase de personas, en su desafección política, que ella tenía en mente cuando conformó la tesis de su libro: que un grupo elite de expertos, cabilderos, y operativos define los términos de la discusión "democrática" en este país. Que con las noticias contenidas en sus notas de prensa, discursos en C-SPAN y![]()

Desde David Horowitz a Christopher Hitchens, los progresistas cambia-casacas no parecen tener mucho problema para encontrar una cálida bienvenida en la derecha. Siguiendo el ejemplo de los conservadores, parece prudente no rechazar a los perros de ataque republicanos y guerreros de los grandes negocios cuya conciencia despertada les hace desear expiar sus fechorías.
Esta actitud puede que explique el reciente abrazo ofrecido a John Perkins, un ex consultante corporativo y autor de Confesiones de un asesino económico a sueldo. Sorprendentemente este libro, que usa la perspectiva de un enterado para construir una abierta crítica a la globalización neoliberal y a la política exterior de EEUU, ha llegado tan alto como hasta el número nueve de la lista de libros más vendidos de The New York Times. En meses recientes Perkins concedió a Amy Goodman una larga entrevista por radio y...![]()

Siempre me han gustado las biografías de escritores. Una biografía bien escrita es como una charla con un amigo íntimo que te cuenta su vida. Me gusta que me cuenten vidas ajenas, porque me ayuda a darme cuenta de que no soy tan especial como me creo, que lo que pienso o vivo ya lo han pensado y vivido muchos antes que yo. Eso me pone en contexto...
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