
Se marchan como han llegado, en tropel, en furgoneta, entre risas, bromas y miradas silenciosas a través de las ventanillas. Les despido con la mano, vuelvo al hotel. La recepción sigue igual, y sin embargo parece distinta, vacía, llena de ausencias: es ya otro lugar. Doy unos pasos sin rumbo aquí y allá, me acerco a la recepción, a la puerta de los ascensores, mientras leo unas líneas a lápiz en unas cuantas cuartillas. Las guardo en el bolsillo del pantalón. Salgo del hotel y espero un taxi para volver a mi casa. Imagino la furgoneta, que se dirige al aeropuerto, las conversaciones, las fotos. Resulta fácil de imaginar el trayecto de regreso, con las maletas y los pasaportes, la excitante rutina del viaje, las esperas inconexas antes de llegar a bordo, al ambiente aséptico de hospital que desprende el interior de un avión en pleno vuelo....![]()
