
Han transcurrido diez años desde que, en noviembre y diciembre de 1995, se alcanzó primero en Dayton, y se firmó después en París, el acuerdo de paz que acabó con la guerra librada en Bosnia. Como quiera que esa guerra fue la más sangrienta y prolongada de cuantas marcaron la desintegración de Yugoslavia, es probable que en el futuro el acuerdo en cuestión se asocie con el propio final de ese proceso, y ello por mucho que al conflicto bosnio siguiesen otros, no precisamente menores, en Kosovo y Macedonia.
Al amparo del aniversario mencionado, y de la reciente detención de Ante Gotovina --que ha permitido rescatar entre nosotros, siquiera livianamente, hechos del pasado--, no parece que sea éste mal momento para levantar un balance de lo ocurrido en ![]()

¿Puede responsabilizarse a los funcionarios de la administración? Una entrevista con Jeremy Brecher, Jill Cutler, y Brendan Smith, editores de "En nombre de la democracia: crímenes de guerra norteamericanos en Irak y más allá".
En épocas normales la sugerencia de que los líderes de nuestro país podrían haber cometido crímenes de guerra hubiera violado un firme tabú
de la discusión política norteamericana. Sin embargo, en la era posterior a Abu Ghraib -y especialmente mientras el Presidente Bush se ha peleado con el Congreso por la enmienda McCain que prohibía el abuso a todos los detenidos bajo custodia de EE.UU.- los observadores ya no pueden mostrar escándalo ante la idea de que las violaciones criminales de la ley humanitaria han
ocurrido. Según un reciente editorial en The Washington Post, la enmienda "ordenaría el fin de los cientos de casos de tortura y tratamiento
inhumano, muchos de los cuales equivalen a crímenes de guerra, que han sido![]()
