
Merece una glosa el sesgo con que muchos de nuestros medios de comunicación han decidido encarar el referéndum francés sobre la mal llamada Constitución de la UE. Parece como si a los ojos de casi todos Francia se viese sacudida por un seísmo que no puede por menos que levantar incomprensión, primero, y repulsa, después. La inquietud de estas horas se antoja en buena medida una secuela, claro, de lo que no hicimos entre nosotros en febrero pasado: discutir crítica, franca y abiertamente sobre el tratado constitucional. Lo que se impuso entonces fue un espasmo de europeísmo papanata adobado de desidia general --facilitó que los mensajes simplones colasen o, al menos, no fuesen contestados-- y, a menudo, de un pragmatismo rayano en la frivolidad.
Pero volvamos a Francia y hagamos un esfuerzo para dejar de lado las admoniciones que tantos de nuestros medios lanzan contra una derecha ultramontana y una izquierda radical, empeñadas en hurgar --se nos dice-- en falsos y arcanos debates como los relativos a la soberanía nacional, la globalización o la ampliación de la UE. Ocupémonos, porque a la postre la cosa tiene más miga, del relato que muchos de esos medios han decidido asumir a la hora de dar cuenta de lo que ocurre en el Partido Socialista francés.![]()

Una crítica de "Ficciones políticas" por Joan Didion
Casi al principio de Ficciones políticas, su más reciente colección de ensayos, Joan Didion habla de cuando era adolescente e iba a pasar el tiempo a las gasolineras. Allí, explica ella, conoció a amigos que no se habían destacado en el aula ni aspiraban a un cargo electivo. En su lugar, "fueron conscriptos en el servicio militar y pasaron el entrenamiento básico en Fuerte Ord. Se habían acostado con sus novias y se habían casado con ellas, habían comenzado lo que llamaban el resto de su vida con un viaje en auto a Carson City y una ceremonia de cinco dólares celebrada por un juez de paz que no se había quitado el pijama".
En otras palabras, esos con los que Didion se sitúa, eran gente común que siguieron vidas comunes. Y fueron la clase de personas, en su desafección política, que ella tenía en mente cuando conformó la tesis de su libro: que un grupo elite de expertos, cabilderos, y operativos define los términos de la discusión "democrática" en este país. Que con las noticias contenidas en sus notas de prensa, discursos en C-SPAN y![]()

La clamorosa ausencia de reflexiones sobre el nacionalismo español es tanto más llamativa cuanto que éste experimentó, durante los años de gobierno del Partido Popular, un rebrote visible. A su amparo medraron una singularísima invención de una tradición y muchos espasmos agresivos, a tono a menudo con los discursos que habían llenado las plazas en la España de Franco.
Nada invita a concluir, sin embargo, que el ascendiente del nacionalismo español se ha diluido en la nada. Pervive, muy al contrario, de la mano de un nuevo gobierno que --parece-- no tiene muy claro a qué atenerse. Si unas veces, en un intento baldío de ocultar la realidad, se inclina por negar cualquier vínculo con el nacionalismo y sus querencias, otras se reclama, en un ejercicio de bonhomía tan artificial como estéril, de una versión liberal del nacionalismo español que, lejos de cualquier ultramontanismo, haría de éste un crisol de respeto y de convivencia![]()


Madrid.- Teresa, de 59 años, abandonó a su marido después de 38 años de insultos, palizas y relaciones sexuales forzadas. Está convencida de que, si le denuncia, su situación empeorará. No confía en que las instituciones públicas la protejan. En el momento de entrevistarse con Amnistía Internacional, llevaba nueve meses encerrada en su domicilio con las persianas bajadas para hacerle creer que se había ido de la ciudad...
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Los días van pasando y la crisis que tiene como protagonistas a China y Japón no parece amainar. Ello es así pese a las declaraciones, mitad apaciguadoras mitad equívocas, de un buen puñado de políticos japoneses. Habrá que convenir que, con los antecedentes en la mano, la disputa que nos ocupa poco tiene de inesperada. Por detrás despuntan viejas rencillas mal cerradas --ahí están las que se reflejan en estas horas en la escasa afición de los libros de texto nipones en lo que respecta a la denuncia de los crímenes propios de hace tres cuartos de siglo-- a las que se suma una subterránea competición que tanto afecta a prosaicos negocios como a peleas estratégicas por el control del este de Asia...
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