de Nota

Crisis de confianza en las ONG

8 Abril, 2007 @ Hora 07:40:49 PM



El auge de las organizaciones no gubernamentales se debe, históricamente, a una muy elogiable necesidad de intervenir de manera directa y sin trabas burocráticas en escenarios que impactaron (e impactan) en la sensibilidad del mundo occidental. Los conflictos armados, las injusticias crónicas, la pobreza enquistada, los déficits estructurales, las abismales diferencias sanitarias, se mostraron con tanta crudeza que se convirtieron en la mecha que encendió esa acción inmediata y alejada de los centros de poder estatales.

Las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) se definen justamente en negativo. Es decir: no son gobierno, no son oficiales. No responden a cálculos políticos o de geoestrategia, no se identifican con un credo o una ideología militantes y, no son, ni mucho menos, deudoras de una coyuntura electoral. Ahí estriba buena parte de su éxito social.

BANDERA DE ESPERANZA El trazo que las caracteriza se ha mantenido con los años: ser prácticas, incidir en la mismísima realidad social más allá de los despachos. Ante la decepción generalizada por un sistema en crisis, las ONG representaron una bandera de esperanza en la que se enrolaron todos aquellos que quisieron cambiar el mundo, aunque fuera a partir de entusiasmos individuales. Sigue siendo así, sin duda. La buena fe que anima la mayoría de estas organizaciones no gubernamentales ha contribuido en gran manera a que el planeta sea más habitable.

Su propio crecimiento, sin embargo, ha provocado algunas crisis. Hoy, con la investigación que ha abierto la Fiscalía anticorrupción a la organización Intervida y con el reciente caso de Anesvad, estamos ante la peor de todas. La pérdida de confianza, porque el material con el que se trabaja --los buenos sentimientos y la generosidad de la gente-- es muy sensible, y el daño puede ser irreparable. Algunos responsables de onegés consideran que está bien que se descubran las actividades ilegales de las menos para que las más, las que trabajan con transparencia, salgan reforzadas. Puede ser. Pero también es cierto que puede darse el caso de que haya donantes que renuncien a su aportación ante las evidencias de una estafa en lo más íntimo: en sus sentimientos.

SON NIÑOS, NO MATERIAL DE TÓMBOLA Intervida fue protagonista, hace un par de años, de un espectáculo esperpéntico: una gala televisiva de mucho brillo y mucha bulla en la que se apadrinaban niños como quien juega a la tómbola. Si la investigación de la Fiscalía confirma que Intervida desviaba fondos hacia objetivos nada humanitarios, el problema ya no será más o menos estético sino que tendrá graves repercusiones éticas. Las ONG que luchan de veras por un mundo más justo tendrán que dar entonces un paso adelante para defender su identidad y su futuro.

Fuente: http://www.elperiodicodearagon.com





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