
¿Puede responsabilizarse a los funcionarios de la administración? Una entrevista con Jeremy Brecher, Jill Cutler, y Brendan Smith, editores de "En nombre de la democracia: crímenes de guerra norteamericanos en Irak y más allá".
En épocas normales la sugerencia de que los líderes de nuestro país podrían haber cometido crímenes de guerra hubiera violado un firme tabú
de la discusión política norteamericana. Sin embargo, en la era posterior a Abu Ghraib -y especialmente mientras el Presidente Bush se ha peleado con el Congreso por la enmienda McCain que prohibía el abuso a todos los detenidos bajo custodia de EE.UU.- los observadores ya no pueden mostrar escándalo ante la idea de que las violaciones criminales de la ley humanitaria han
ocurrido. Según un reciente editorial en The Washington Post, la enmienda "ordenaría el fin de los cientos de casos de tortura y tratamiento
inhumano, muchos de los cuales equivalen a crímenes de guerra, que han sido demostrados por la Cruz Roja Internacional y el propio Ejército en la base de la bahía de Guantánamo, Cuba, y en Afganistán, Irak y otros lugares".
Con la Casa Blanca a la defensiva acerca de sus justificaciones para la invasión a Irak, y con los gobiernos europeos formando alboroto de si ha
habido abuso de prisioneros por parte de norteamericanos en bases en el continente, parece seguro que se incremente el escrutinio de los
supuestos crímenes de guerra norteamericanos. Y si el debate acerca de este tema escandaloso comienza a aumentar, un nuevo libro, editado por
Jeremy Brecher, Jill Cutler, y Brendan Smith, promete agregar leña al fuego. En nombre de la democracia: crímenes norteamericanos de guerra en
Irak y más allá incluye documentos oficiales, coreos electrónicos filtrados, testimonios, comentarios y artículos investigativos. En conjunto, esto parece demostrar que las acciones de la administración Bush en el exterior violan
normas y tratados internacionales, y que los responsables están sujetos a repercusiones legales.
¿Llegaremos a ver a Donald Rumsfeld ante un tribunal? Mark Engler habló con los editores acerca de por qué el tema de los crímenes de guerra puede convertirse en una piedra mayor en el zapato de funcionarios de la administración, acerca del potencial y las limitaciones del derecho internacional y acerca de la obligación de los ciudadanos para evitar que se cometan
otros crímenes.
El historiador Jeremy Brecher ha escrito y editado más de una docena de libros, incluyendo un clásico de la historia sindical Strike! (Huelga). Jill Cutler es vice decana en Yale College y editora de Visiones globales: más allá
del nuevo orden mundial. Brendan Smith es un estudioso de la jurisprudencia y ex ayudante congresional de la Representante Bernie Sander (Independiente por Vermont).
Mark Engler (ME): ¿Acusar a Estados Unidos de
crímenes de guerra le hace parecer a uno ajeno al
sentimiento mayoritario norteamericano? ¿No
creerá la mayoría de las personas que estas
acusaciones provienen de la izquierda?
Jeremy Brecher: Si Estados Unidos está
involucrado en crímenes de guerra, como
norteamericanos tenemos la responsabilidad de
enfrentarnos al hecho. No creo que ocultarse de
la realidad sea una solución para el hecho de que
a nadie le gusta que le digan que está haciendo
algo malo.
Lo segundo, sin embargo es que los
norteamericanos en realidad están muy preocupados
de que nuestro país pueda estar haciendo cosas
que no están de acuerdo con nuestros valores.
Apelar a esa preocupación no es insultar a
nuestro país, sino dar a los norteamericanos una
manera de confrontar a nuestro gobierno con lo
que ha estado haciendo.
Jill Cutler: Personas que trabajan en el FBI,
senadores y representantes están muy preocupados
por nuestro comportamiento en la guerra contra el
terror. El FBI está preocupado acerca de la
tortura que estaba ocurriendo en varios lugares.
Funcionarios militares están preocupados de que
se esté violando el manual de campaña del
Ejército.
Brendan Smith: El concepto de crímenes de guerra
realmente está uniendo a aliados poco probables.
En paralelo con el movimiento por la paz estamos
viendo lo que se pudiera llamar un "movimiento
por la ley y el orden". Aquí tenemos a
organizaciones como Amnistía Internacional y la
ACLU (Unión Norteamericana por los Derechos
Civiles) que están preocupadas por las libertades
civiles y los derechos humanos. Pero también hay
una docena de militares retirados, liderados por
el General de Infantería de Marina David Brahms,
quienes escribieron una carta al comité Judicial
del Senado pidiendo que no confirmaran a Alberto
Gonzáles como Fiscal General, porque había
promovido violaciones de las Convenciones de
Ginebra.
Brecher: La actitud del público acerca de los
crímenes de guerra ha cambiado mucho desde la
década del 90. Nos hemos alejado de una
situación en la que los crímenes de guerra eran
sólo epítetos que los gobiernos usaban para
atacar a los líderes extranjeros que no les
gustaban. Ahora vemos tribunales para la ex
Yugoslavia y para Rwanda. Tenemos el Tribunal
Penal Internacional, que aunque Estados Unidos no
es parte de él está destinado a juzgar crímenes
de guerra. El propio Estados Unidos ha
presentado acusaciones o cargos formales de
crímenes de guerra contra líderes de otros países
-incluyendo, en estos mismos momentos, contra
Saddam Hussein. Así que este es un concepto con
el que nos estábamos familiarizando más, algo que
está considerado como parte del cuerpo de la ley.
ME: La idea de que EE.UU. podría cometer crímenes
de guerra es tabú, pero por otra parte se da por
sentado que nuestro país desempeña un papel
especial en el mundo -que Estados Unidos es una
excepción. Y esa excepcionalidad da a EE.UU.
cierta prerrogativa para actuar sin tener que
someterse al escrutinio internacional.
Brecher: Esta es una aseveración hecha por la
administración Bush, pero cuando se miran los
datos de las encuestas, está claro que esta
creencia no es ampliamente compartida por el
pueblo norteamericano. Hay un grupo muy
interesante de encuestas hecho por una
organización llamada PIPA, el Programa Acerca de
Actitudes hacia Política Internacional, de la
Universidad de Maryland. Muestra que la mayoría
de los norteamericanos cree que Estados Unidos
debe respetar el derecho internacional y las
convenciones de Ginebra. Es a esta creencia
fundamental en el derecho, tanto el derecho
nacional como el internacional, a lo que
esperamos apelar.
Para mí personalmente se remonta a las fotos que
vi de las víctimas de los campos nazis de
concentración, cuando se publicaron por primera
vez después de la 2da. Guerra Mundial, y a oír
hablar acerca del tribunal de Nuremberg. Soy
demasiado joven para recordar al tribunal en sí,
pero tuve conocimiento de él a una edad temprana.
La idea de que altos funcionarios fueron
considerados responsables por los crímenes
cometidos por los que estaban a sus órdenes me
pareció que era una parte esencial de cómo
promover la decencia y la paz en el mundo.
Hubo un intento por aplicar la idea a la guerra
de Viet Nam, pero no existía un mecanismo para
hacerlo cumplir -a pesar de que la Comisión
Bertrand Russel formó un tribunal en lo que ahora
llamaríamos la sociedad civil, para investigar
los supuestos crímenes de guerra de EE.UU. Pero a
medida que corría la década del 90, los
tribunales de crímenes de guerra se convirtieron
en instituciones vivas. Y eso planteó la
cuestión de si eso pudiera ser aplicado de manera
significativa a todos los países, incluido
Estados Unidos.
Smith: Más allá de todo excepcionalidad, hay un
principio más afincado en la sociedad
norteamericana, y es el de que incluso los más
poderosos tienen que responder ante la ley- Si
se yuxtaponen los dos principios, responsabilidad
y excepcionalidad, creo que el que gana es el de
responsabilidad.
ME: ¿Cuáles son específicamente los crímenes de guerra que ustedes identifican?
Smith: Estamos hablando de tres categorías. La
primera son los crímenes en contra de la paz.
Después de Nuremberg se estableció una idea de
que lanzar una guerra de agresión es el mayor
crimen internacional. Sólo hay unas pocas
circunstancias específicas en las cuales un
estado puede usar la fuerza contra otro estado.
La carta de la ONU dice que se necesita una
resolución del Consejo de Seguridad o que uno
debe actuar en defensa propia de un ataque
inminente e inmediato. En la situación actual,
EE.UU. lanzó una guerra de agresión en Irak que
hasta Kofi Annan ha declarado que es ilegal.
La segunda categoría de crímenes tienen que ver
con la conducción de la guerra y la ocupación.
Esto incluiría el uso por parte de la
administración de armas ilegales, tales como
napalm, fósforo blanco y bombas de racimo.
Incluye la negligencia de proteger a los civiles.
Incluye tratar de derrotar a la insurgencia
iraquí por medio del castigo colectivo a la
población civil -con actos como cortar el
suministro de agua. Esta es una práctica que
vimos en Faluya y otros lugares, y que la ONU ha
condenado.
En realidad Faluya resume varios de estos
crímenes. Allí hubo ocho semanas de bombardeos;
destruimos 36 000 casas, 60 escuelas y 65
mezquitas. Uno de los primeros actos de los
militares fue asaltar el hospital. EE.UU. cortó
todo suministro de alimentos, toda la energía a
toda la ciudad. El Departamento de Defensa dijo
que todos los civiles estaban fuera en el momento
del ataque, pero los informes muestran que de 30
000 a 50 000 civiles permanecían en la ciudad.
EE.UU. impidió que la Media Luna Roja entrara. A
todos los hombres de 15 a 55 años se les impidió
marcharse. Así que en Irak, Faluya se ha
convertido en el símbolo de la brutalidad y de
los crímenes norteamericanos de guerra.
El tercer conjunto de crímenes de guerra se
centra en la tortura. Aquí la pregunta no es si
está sucediendo, sino con qué frecuencia y quién
es responsable. Cuando escribimos el libro había
32 muertes de prisioneros bajo custodia de EE.UU.
Ahora hay más de 100. El FBI reporta casos de
estrangulamiento, quemaduras con cigarrillos,
golpizas rutinarias.
Cutler: El no contar las muertes civiles también
es un crimen de guerra, una violación de las
Convenciones de Ginebra.
ME: Ciertamente la guerra es fea. Suceden cosas
terribles en la guerra. Pero la acusación de que
este tipo de cosas es un delito parece ser
controvertida. La administración pudiera
responder, por ejemplo, que está haciendo todo lo
posible por evitar las muertes de civiles.
Smith: Nuestra aseveración es que hay evidencia
más que suficiente para iniciar un proceso o para
realizar una investigación. Las preguntas más
concretas de si un cierto ataque -como el ataque
al hospital de Faluya, si fue un ataque legal
porque el edificio estaba tomado por insurgentes
o si la instalación era un hospital en
funcionamiento que atendía a enfermos y heridos-
es un pregunta factual. Debe responderla un
jurado; debe decidirse en un tribunal.
Brecher: La renuencia de EE.UU. a registrar e
investigar la muerte de civiles realmente llega
al meollo de esto. Si no se investiga la muerte
de civiles por bombardeos o en barreras en las
carreteras o en los combates casa por casa, no
hay manera de saber si las operaciones se están
llevando a cabo según el derecho internacional.
Es por eso que el conocimiento de los efectos de
la guerra en los civiles es responsabilidad legal
de los jefes militares. Hay declaraciones
públlicas -específicamente por parte del Sr.
Rumsfeld- de que estas cosas no están siendo
investigadas, que no se lleva registro algunos de
muertes de civiles. Ese es un acto
inherentemente criminal.
ME: La tortura es el crimen de guerra del cual se
oye hablar más, y quizás hay una buena razón para
eso. La evidencia acerca de la tortura,
particularmente el testimonio de los que han sido
torturados en Guantánamo o Abu Ghraib, y los
documentos gubernamentales filtrados que
demuestran el conocimiento oficial de la
situación, parecen ser excepcionalmente
condenatorios. Me pregunto si ese es el porqué
de la atención que atrae.
Cutler: La evidencia acerca de otros crímenes de
guerra es también muy fuerte y bastante
golpeante. Creo que quizás la gente tiene un
sentimiento especial acerca de la tortura porque
considera que una nación democrática no la usa.
No le importa mucho que una nación democrática
prive a los civiles del agua. Respondemos más
fuertemente a la idea de la tortura porque vemos
que puede pasarnos a nosotros mismos. La mayoría
de nosotros no puede concebir que una de nuestras
ciudades sea privada de agua.
Smith: Como cualquier buen acusador uno usa
primero sus más fuertes argumentos. Y el mejor
argumento que existe, debido al trabajo increíble
de Amnistía Internacional, de ACLU y de otros
grupos es la tortura. Sabemos de esos memorandos
filtrados debido a casos de la Ley de Libertad de
Información por parte de ACLU y de otros grupos.
Otra cosa que tuvo gran impacto justo al
principio fue el chivo expiatorio de soldados de
bajo nivel como Lynndie England. La
administración argumentó que esto era simplemente
un asunto de unas cuantas ovejas descarriadas,
cuando en realidad oficiales de alto nivel tenían
responsabilidad.
ME: Recientemente uno de los periódicos de Nueva
York publicó una gran foto del Presidente Bush en
su primera plana y un gran titular que era una
cita de él: "No somos torturadores". El hecho de
que él tuviera que realizar esa negativa me
parece que es extraordinaria en el contexto
político norteamericano.
Brecher: Estamos viendo las consecuencias de
algunas ideas y prácticas que probablemente nunca
han sido llevadas a tal extremo. Una es la idea
de que el Presidente tiene poder ilimitado. Este
argumento se ha presentado anteriormente, y
ciertamente el poder ejecutivo ha tenido mucho
margen en tiempos de guerra. Pero la gente se ve
obligada a enfrentarse al hecho de que, llevada a
su conclusión lógica, esta idea significa que el
Presidente simplemente puede ordenar que torturen
a la gente. La administración Bush ha llegado a
declarar en un tribunal que si decidiera ejecutar
sumariamente a los que tiene prisioneros, ningún
tribunal tendría el derecho de intervenir.
Llegaron a decir eso en un tribunal.
Y luego está la doctrina de la guerra preventiva.
La Casa Blanca ha llevado esto tan lejos que ha
dicho que tiene derecho a hacer cualquier cosa
que diga que es en defensa de la seguridad
nacional -y que ningún derecho internacional
puede impedirlo.
Estas son posiciones tan extremas que están
comenzando a obligar a la gente a decir: "¿Cuáles
son los límites?" Tiene que haber algún límite
que no podamos cruzar. Y creo que una vez que
esa pregunta se plantea, es un momento de
auto-educación para todos nosotros -un momento
para pensar dónde se encuentran esos límites que
realmente no podemos cruzar.
Smith: Creo que la gente de Bush realmente está
en problemas: Suecia, Islandia, España, Italia y
la comisión de derechos humanos de la Unión
Europea están investigando a la CIA debido a la
tortura -están mirando las acusaciones de que
EE.UU. ha reinventado el Gulag dentro de los
gulags de Polonia y Rumania. Varios grupos como
ACLU y Derechos Humanos Primero ya están atacando
a Rumsfeld por su responsabilidad directa en la
tortura.
No creo que la administración Bush sepa cómo
salirse de esta situación. Sus soluciones son
cosas como que el Vice Presidente Cheney cabildee
en el Capitolio para hacer una excepción en la
enmienda de McCain contra la tortura, de manera
que los oficiales del CIA puedan torturar como
política. En respuesta, The Washington Post
calificó a Cheney de "Vice Presidente para la
Tortura". La administración debe haberse dado
cuenta de que esto realmente está fuera de
control.
Recuerde, ellos han expresado explícitamente su
preocupación acerca de las acusaciones de
crímenes de guerra. Cuando Gonzáles escribió su
memorando del 25 de enero de 2002 acerca de la
tortura, alertó al presidente acerca de un
posible encausam¡ento a tenor de la Ley de EE.UU.
de Crímenes de Guerra, de 1996, que dice que
cualquier violación grave de las Convenciones de
Ginebra es un delito bajo la ley federal de
EE.UU. El abogado del presidente en realidad le
está alertando de que él tiene que pensar en este
problema y hacer sus planes para no ser acusado
por crímenes de guerra.
ME: Ustedes argumentan que una de las
implicaciones de considera a la guerra de Irak
desde una perspectiva de crímenes de guerra es
que cambia la manera en que consideramos a los
que se resisten a la guerra.
Cutler: No cambia necesariamente en que
consideramos a los que se resisten a la guerra,
pero sí nos lleva a valorar más su resistencia.
Lo que me llama la atención es que la gente que
sí se resiste, especialmente los que son
militares, a menudo se enfrentan a horribles
consecuencias. Cuando Greg Ford, un veterano de
30 años de la Guardia Costera, acudió a decir a
su superior que estaban torturando a prisioneros
en su unidad en Samarra, Irak, le dijeron que
tenía 30 segundos para cambiar de opinión acerca
de presentar un informe. Cuando se negó fue
llevado en avión a un hospital psiquiátrico en
Alemania. En este contexto, creo que para
resistirse a la guerra hace falta un tipo de
valor que podemos imaginar a duras penas.
Brecher: Una de las cosas que ha sido
sorprendente para identificar a los que se
resisten es cuánta resistencia está basada en la
defensa del derecho nacional e internacional. A
fines de 2004 un juez militar escuchó el
testimonio de Pablo Paredes, un marino que
recibió la orden de subir a bordo de un barco
destinado a Irak. Él se apareció usando una
camiseta que decía: "Al igual que un miembro del
gabinete, renuncio". Se negó a subir a bordo
porque estaba convencido de que la guerra violaba
la ley. Lo sorprendente del caso fue que el juez
al final se negó a enviar a Paredes a la cárcel.
Dijo que el caso del gobierno en contra del
marino era tan débil que había una causa
razonable para creer que la guerra en Irak era
ilegal.
No creo que vayamos a ver un gran número de
jueces militares declarar que la guerra es
ilegal. Pero esta es una reflexión extrema de
una profunda preocupación acerca de la ilegalidad
de las acciones de la administración Bush que
está extendida entre los abogados militares.
ME: En el libro ustedes discuten las "evidentes
limitaciones" del derecho internacional. Ustedes
escriben que "Seguramente hay poca expectativa de
que miembros de la administración Bush serán
procesados pronto por crímenes de guerra en
tribunales norteamericanos". Pero ustedes
argumentan que los crímenes de guerra son una
parte importante de una estrategia más amplia
para enfrentarse a la ilegalidad de la Casa
Blanca.
Smith: Cuando escribimos el libro nunca
imaginamos que estaríamos donde estamos hoy, con
tanta acción en los tribunales. Sin embargo,
crepo que el asunto en general es válido. Me
parece que debiéramos ser escépticos de la ley
como alternativa a la organización.
Al mismo tiempo, la ley puede ser una fuerza que
apoye a movimientos sociales. Una manera en la
que los movimientos usan la ley es el llamado
constitucionalismo popular -el uso de conceptos
legales para legitimar objetivos sociales. Vimos
esto cuando Martin Luther King argumentó que la
Constitución era una nota de pago, que prometía
igualdad a todo el pueblo y que el movimiento de
los derechos civiles estaba allí para exigir el
pago. Hay una larga historia del uso de
documentos legales de esta manera.
Los movimientos sociales también pueden
capitalizar los hechos no intencionados del
derecho. Hay partes de la ley que son muy
progresistas, pero que nunca se tuvo la intención
de que lo fueran. Por ejemplo, el Presidente
Truman insistió, en contra de los deseos de
Churchill, que los líderes militares nazis y
japoneses tuvieran un juicio justo, con el debido
proceso. Churchill por esa época estaba a favor
de la ejecución sumaria, que los enemigos debían
ser llevados detrás del edificio y fusilados.
Pero Truman, que originalmente había sido juez de
un pueblo pequeño, creía en un concepto abstracto
de justicia legal. Él solo estaba pensando
acerca de los juicios de Nuremberg. Pero cuando
se desarrollaron juicios por crímenes de guerra
en décadas posteriores -contra Milosevic, por
ejemplo- necesitaron precedentes. Y se
remitieron a los juicios de Nuremberg. Queremos
alentar el actual desarrollo de la ley contra
crímenes de guerra y usar los hechos no
intencionados para llevar adelante los objetivos
de justicia social.
Brecher: Un ejemplo clave que yo presentaría es
la decisión de Brown vs. Junta de Educación, que
decidió que separación no significaba igualdad.
El hecho de que la integración ocurrió en Estados
Unidos en la década posterior a la decisión
Brown, no fue debido a los tribunales. Fue
fundamentalmente debido a las acciones del
movimiento de derechos civiles. Sin embargo, el
principio legal sentó las bases para la acción.
El movimiento de derechos civiles al final tuvo
que usar no sólo la persuasión política, sino
también la desobediencia civil en una escala
masiva, a fin de lograr lo que la decisión
judicial había prometido. No me sorprendería que
la implementación de las leyes de crímenes de
guerra requiera del mismo tipo de acción social.
En última instancia, nuestro libro no es un
compendio de crímenes. Trata de darnos a
nosotros, como norteamericanos, la comprensión,
el conocimiento, y la perspectiva de enfrentar
una realidad que por otro lado es aplastante.
Creo que es muy importante que, como sociedad,
asimilemos las lecciones de lo que sucedió en
Irak. No asimilamos muy bien las lecciones de
Viet Nam. Sabíamos que algo malo había sucedido.
Pero como país nunca vimos realmente los errores
fundamentales que nos arrastraron allí. Esa es
una de las razones por las que estamos
enfrentándonos hoy a la catástrofe en Irak.
Nuestro propósito de plantear el asunto de los
crímenes de guerra es el de señalar que llegamos
a esto en parte porque en nuestra sociedad no
tenemos barreras, principios y valores para decir
que ciertas cosas son inaceptables. Si algo
constructivo se desprende de los horrores de
Estados Unidos en Irak, será ese tipo de
reflexión y la creación de límites que evitarán
que lo hagamos otra vez.
(Este mes Brecher, Cutler y Smith están creando un sitio Web de Vigilancia de Crímenes de Guerra para descubrirla evidencia continuada de crímenes
de guerra y los esfuerzos nacionales para impedir que se cometan futuros crímenes.)
Mark Engler, escritor residente en la Ciudad de Nueva York, se le puede contactar por medio de su sitio Web http://www.democracyuprising.com .
