
Detesto el feminismo y aborrezco de los textos ideológicos. Por eso no sé bien qué fue lo que me llevó a comprar “Monólogos de la vagina” de Eve Ensler. Debí de comprarlo por error. Supongo que me esperaba que un libro con ese título tenía que contener historias eróticas con humor. Tal vez ahí resida una de las diferencias básicas entre hombres y mujeres. Si un hombre escribiera unas “Diatribas del pene”, seguramente escribiría un texto bastante obsceno y divertido con humor de sal gorda. En cambio los “Monólogos de la vagina” son un texto tierno, sensible, a ratos sensual y con unas cuantas pinceladas de ironía. Tal vez comparando esas hipotéticas “Diatribas del pene” con “Monólogos de la vagina”, comprendamos algo de la diferencia entre hombres y mujeres en lo que al sexo se refiere. Para los primeros se trata de una actividad casi gimnástica, cuyo relato luego hay que compartir con los amigos. Para las segundas se trata de algo íntimo y personal, algo tan importante que hablar de ello resulta difícil.
El libro alterna los monólogos en sí, con algunos hechos sobre la vagina y breves comentarios de la autora sobre lo que le llevó a escribir cada monólogo. Aunque los monólogos solos hubieran bastado para dar un buen libro, la adición de los otros dos elementos los refuerza y los enriquece. No es lo mismo leer a palo seco el monólogo de una mujer que ha sufrido una violación en grupo, que leerlo sabiendo que por debajo de ese monólogo están las historias de centenares de mujeres bosnias que fueron salvajemente violadas durante la guerra de Yugoslavia. En cuanto a los hechos sobre la vagina, son breves fragmentos de libros relatando aspectos de la vagina que solemos ignorar. Por ejemplo, que el clítoris es el único órgano del cuerpo humano al que no se le conoce ninguna otra función más que la de proporcionar placer. O, más trágicamente, que en el mundo anglosajón en el siglo XIX y comienzos del XX se practicaron extirpaciones del clítoris para “corregir” la tendencia a masturbarse de algunas chicas. La última extirpación documentada ocurrió en 1948 en EEUU en una niña de cinco años.
Los monólogos en sí son pequeñas joyas en las que se describen distintas mujeres y su relación con su propia vagina. Mi preferido es el de la mujer que ha sido violada. Cuenta cómo era su vagina antes de la violación: una pequeña aldea, rodeada de prados verdes y con un arroyo que la bañaba, en la que ella vivía. Tras la violación es un lugar contaminado y gris, al que ella ya no ha regresado. Tal vez el tema más recurrente en los monólogos sea el del (re)descubrimiento de la propia vagina, la sorpresa de que “eso” estuviera allí y fuera tan maravilloso. Ese (re)descubrimiento suele vivirse con una mezcla de alegría y de tristeza por el tiempo perdido.
Vuelvo a la pregunta inicial: ¿Por qué me ha gustado un texto que no debía gustarme? Supongo que, cuando el escritor es bueno, -y Eve Ensler lo es- y el material es lo suficientemente fuerte y es tratado con sinceridad, por mucho que uno le quiera meter ideología y moralejas, lo literario y lo artístico lo invaden con tal fuerza que, lo quiera o no el autor, el resultado es una obra de arte.
