
Cuando leo las informaciones a favor y en contra del matrimonio entre homosexuales, siento que algo no cuadra.
No cuadra la actitud del Gobierno. El colectivo homosexual puede representar en torno al 8% de la población. Según las encuestas podría haber entre un 25% y un 30% de ciudadanos que se oponen férreamente al matrimonio homosexual. No obstante hay una mayoría, que posiblemente esté creciendo, que piensa que las uniones homosexuales merecen algún tipo de reconocimiento legal. Algunos ayuntamientos por vía de los registros de parejas de hecho y algunos jueces en sentencias sobre alimentos y herencias están intentando dar un reconocimiento a los derechos de esas parejas. Si la situación está así, ¿era preciso sacar la Ley con tanto apresuramiento y de una manera que parece que se esté pensando más en dar una patada al 25%/30% que se opone al matrimonio homosexual, que en favorecer a los homosexuales?
Si uno fuese malpensado, podría creer que todo es una cortina de humo para eludir que haya debates en profundidad sobre otros temas.
No cuadra la actitud de los Obispos. No convocaron manifestaciones cuando el Gobierno de Aznar abogó en favor de la guerra de Iraq, a pesar de que el Papa Juan Pablo II se había mostrado contrario a la intervención militar; no suelen participar en manifestaciones contra el terrorismo; tampoco se les suele ver en las manifestaciones en favor de la condonación de la deuda externa. Resulta curioso que el matrimonio entre homosexuales les inquiete más que la guerra de Iraq, las víctimas del terrorismo o los estragos que causa la deuda externa.
Si uno fuese malpensado, podría creer que todo es un esfuerzo por sacar músculo en un tema donde saben que pueden movilizar a la gente, para aparecer con fuerza ante el Gobierno en los temas que de verdad les interesan: la enseñanza de la religión y la financiación.
No cuadra la actitud de la oposición del PP. Unos de sus líderes acuden a la manifestación, otros no y aún hay otros (menos líderes que los anteriores, eso sí) que amenazan con sacar del armario a gorrazos a los homosexuales del partido que no han salido a la luz. Lleva supuestos expertos en homosexualidad al Senado, para que declaren que todos los homosexuales son hijos de alcohólicos y perturbados y que es una enfermedad curable, pero al mismo tiempo afirma que su oposición a la Ley es semántica: les bastaría con que a las uniones homosexuales no se les diese el nombre de matrimonio.
Si uno fuese malpensado, pensaría que el PP está haciendo un juego de equilibrio entre sus votantes y miembros prominentes que se oponen al matrimonio homosexual y el voto homosexual al que no se quieren alienar para toda la eternidad.
