
Siempre me han gustado las biografías de escritores. Una biografía bien escrita es como una charla con un amigo íntimo que te cuenta su vida. Me gusta que me cuenten vidas ajenas, porque me ayuda a darme cuenta de que no soy tan especial como me creo, que lo que pienso o vivo ya lo han pensado y vivido muchos antes que yo. Eso me pone en contexto.
Los anglosajones suelen ser muy buenos biógrafos. Mezclan empatía y objetividad de una manera admirable. Algunas biografías anglosajonas que me han hecho disfrutar mucho son la de Oscar Wilde de Richard Ellmann y la de Lewis Carroll de Morton N. Cohen. A. N. Wilson se atrevió con la biografía de C.S. Lewis y consiguió lo imposible: hacerla interesante. Lo digo porque C.S. Lewis tuvo una de las vidas más rutinarias y monótonas que uno pueda imaginarse. Tras ser herido en la I Guerra Mundial a los 19 años, volvió a Inglaterra y el resto de su vida transcurrió apaciblemente en una Universidad. Tuvo dos mujeres (no simultáneamente, lo que hubiera añadido algo de picante a su vida, sino consecutivamente) y no tuvo hijos. La suya fue una vida sin grandes acontecimientos, pero A.N. Wilson consigue contarla de una manera fascinante.
Miquel Dalmau ha conseguido lo contrario.
Gil de Biedma fue uno de los poetas españoles más fascinantes de la segunda mitad del siglo XX. Culto, cosmopolita, viajado, homosexual, alto directivo en una compañía multinacional (la Tabacalera). Miquel Dalmau ha conseguido convertir esa vida tan apasionante en material barato para revistas de cotilleos. La biografía que ha escrito Dalmau es la vida de un maricón putero que además era de buena familia y escribía. Supongo que tras haberse entrenado escribiendo sobre Gil de Biedma estará preparando una biografía de Rociíto.
La biografía que ha perpetrado Dalmau consta de casi 450 páginas. Está dividida en tres partes. La primera habla de la imagen pública de Gil de Biedma. La segunda del Gil de Biedma literato. La tercera del Gil de Biedma homosexual. La tercera parte ocupa casi la mitad de la obra, lo que indica que Dalmau piensa que el chismorreo vende más que la literatura. Por desgracia, tal vez tenga razón.
Aparte del peso desmesurado que ocupa lo sexual en el libro, llama la atención eso de dividir la vida de una persona en tres partes, como si el Gil de Biedma escritor no convirtiese en literatura las experiencias del Gil de Biedma homosexual y el Gil de Biedma ejecutivo tuviera que hacer un horario de oficina para que los otros dos Gil de Biedmas tuvieran que comer. Lo de la división en tres partes sólo se hubiera justificado si Gil de Biedma hubiera padecido de personalidad múltiple, lo que no era el caso.
Casi lo peor del libro es cuando Dalmau se dedica a hacer literatura y, por ejemplo, describe con todo lujo de detalles una escena en la que un chulo que Gil de Biedma se había llevado a su casa, le puso una droga en la bebida para robarle. A menos que el biógrafo haya estado presente en la escena, creo que si quiere hacer literatura, lo que debe hacer es escribir una novela y dejar tranquila la vida del biografiado. Si el hecho ocurrió, que diga cuáles son las fuentes y punto.
Y mientras tanto Gil de Biedma sigue sin contar con una buena biografía.
